El Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”

Por Joaquín Loayza (Socio de Número)

Reseña histórica leída en la Sesión de Honor, celebrada el 30 de enero de1998, para conmemorar el centenario de su publicación

Del conjunto de bienes que constituyen el patrimonio cultural de la humanidad, los recursos documentales, bibliográficos y hemerográficos son, sin duda , los que mejor expresan el sentido filosófico, político, económico y cultural de una determinada sociedad. Ellos son los depositarios del verbo escrito y, en tal virtud, poseen un valor de evidencia que puede constituirse en plena prueba respecto de cualquier acontecimiento suscitado en la naturaleza o en la historia, salvo que otro documento pruebe lo contrario con mejores argumentos de evidencia. A esta categoría de bienes culturales pertenece el Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, que con una edición de 480 números publicados en un siglo, desde el 31 de enero de 1898, se constituye en una de las publicaciones regulares más antiguas del país y del Continente Americano.

Como ha sucedido con toda la información impresa, también en el caso del Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” tuvieron que presentarse determinadas condiciones históricas para que sea posible su existencia : primera, unas relaciones sociales de producción plenamente desarrolladas por el capital, aun en una sociedad de desarrollo desigual de sus fuerzas productivas ; segunda, un sistema político que permita la vigencia de la libertad civil y la libertad de conciencia ; tercera, una intelectualidad capacitada para comprender los problemas del desarrollo económico, cultural, filosófico, etcétera, de la sociedad y ; cuarta, una opinión pública con idénticas preocupaciones.

El Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, para concretarse como un bien cultural, necesitó, en consecuencia, de la acción previa del capital sobre las relaciones sociales de producción imperantes en el siglo XIX en Bolivia. Precisó de la transformación del trabajo indígena en riqueza monetaria, de ésta en capital comercial , de la transferencia de este capital comercial hacia la industria minera de la plata y la consiguiente transformación del capital industrial en capital financiero. Dicho de otro modo, la presencia del Banco Nacional de Bolivia y el Banco Francisco Argandoña en la ciudad de Sucre , la residencia de las oficinas de administración de muchas de las más importantes compañías mineras argentíferas del país y el funcionamiento, también en Sucre, de una importante cantidad de sociedades relacionadas con el comercio de importación, constituyeron en la Capital de Bolivia una base material lo suficientemente importante como para poseer, entre otras cosas, una infraestructura de artes gráficas con doce imprentas que poseían la tecnología adecuada para emprender la edición de un impreso de las características del Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”.

A pesar de haberse establecido durante el siglo XIX aquella base económica y material necesaria para realizar emprendimientos de naturaleza similar a la que hizo posible la publicación del Boletín, jamás éste hubiera alcanzado las alturas de la realidad si la sociedad boliviana no hubiera participado decididamente en la lucha por conquistar la libertad civil y la libertad de conciencia. Pero bien sabemos que la libertad civil y la libertad de conciencia no fueron prendas que se respetaran plenamente en el siglo XIX. La historia boliviana de ese siglo lleva, antes bien, una impronta donde la intolerancia y el estado de excepción fueron la norma y la libertad civil y la libertad de conciencia una excepción. Lo mismo puede decirse de la historia boliviana del siglo XX. En ella, más de una vez el pueblo ganó las calles en defensa de la libertad civil y la libertad de conciencia, al tiempo de luchar por la realización de sus inmediatas reivindicaciones. Pero ¿Cómo es posible que en una sociedad muchas veces carente de libertad y sometida por la intolerancia, se fundara primero y prosperara después una publicación hasta cumplir sus cien años de existencia ? Sencillamente, porque gracias a su naturaleza científica la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” ha logrado sustraerse de toda influencia ajena a los propósitos que sustentan su organización, de tal suerte que en ella no tienen cabida el sectarismo político, el dogmatismo religioso, la segregación racial ni ningún otro género de intolerancia, por lo que en ella a nadie le está prohibido sustentar una doctrina, profesar una confesión ni se le observará su procedencia racial o de clase, es decir, en ella la libertad civil y la libertad de conciencia adquieren vigencia plena. Esta es otra de las razones que explica no sólo la certeza de la fundación del Boletín, sino, su éxito en cien años de vigencia ininterrumpida.

Otro de los factores que contribuyó a la existencia del Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, fue la presencia de una intelectualidad capaz de comprender la esencia de las relaciones sociales de producción y el sentido histórico de sus justificaciones ideológicas. La intelectualidad chuquisaqueña que fundó el Boletín, resume en sí el proceso de desarrollo del pensamiento filosófico que se había iniciado desde los primeros años de la Universidad escolástica y que fue consolidándose paulatinamente en momentos concretos de nuestra historia : con la difusión clandestina de la obra de la Ilustración, propiciada por Bernardo Monteagudo y Jaime Zudañez, para encender el fuego de la revolución en América ; con el sistema de ideas de Destutt de Tracy, que procuró implantar el Mariscal Sucre para el “Instituto Nacional” ; con la restauración espiritualista suscitada a partir de 1845 a través de las ideas eclécticas de Víctor Cousin y que fueron asumidas por Luís Velasco y Manuel José Cortés en la ciudad de Sucre y ; finalmente, con aquel movimiento positivista que, gracias a las enseñanzas de Benjamín Fernández, agigantó su influencia en Bolivia comprometiendo a hombres de la proceridad intelectual de Samuel Oropeza, Valentín Abecia, Ignacio Terán y, posteriormente, Agustín Iturricha, Luís Arze Lacaze y otros que participaron con toda decisión en la fundación de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” y la publicación de su Boletín.

En esta sucesión histórica que expresa el desarrollo del pensamiento filosófico en Bolivia, la confrontación de ideas también alcanzó realizaciones orgánicas, generalmente de índole particular, algunas veces con apoyo estatal, otras bajo el auspicio ideológico de una corriente de opinión política, pero siempre expresando una tendencia filosófica concreta. Sobre este punto explicaba don Valetín Abecia acerca del modo cómo se organizaban estas entidades precursoras, en cierta manera, de la labor de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” : “Por ley de 9 de enero de 1827, se creó en esta Capital un establecimiento literario denominado “Instituto Nacional”, él no tuvo realización hasta el año 38 en que recién fue inaugurado para servir a las miras políticas del Protector Santa Cruz, habiendo cesado en sus funciones después de Yungai. El 14 de febrero de 1841, volvió a reorganizarse el Instituto, i es por ese mismo tiempo que se inauguró en esta ciudad, una Sociedad Literaria, de carácter público que funcionó hasta 1846. El 25 de mayo de 1851, se fundó la Sociedad Filética. El 8 de junio del mismo año, se fundó la Sociedad Católica Literaria en el Oratorio de San Felipe Neri. El 3 de septiembre de 1862, se volvió a instalar otra Sociedad Literaria que publicó eventualmente “La Aurora Literaria”. Esta sociedad funcionó cuatro años continuos. El 13 de junio de 1877, volvió nuevamente a instalarse dicha asociación, que suspendió sus tareas con motivo del 14 de febrero de 1879. El 6 de agosto de 1881, se organizó por sesta vez la misma sociedad que funcionó regularmente hasta fines de 1883”.[3] Además de las citadas por Abecia, existían en Sucre otras más, como la Sociedad de Estudios Antropológicos, dirigida por Agustín Iturricha y Nicanor Mallo ; la Sociedad Literaria “Sucre”, organizada por Luís Pablo Rosquellas y Ricardo Mujía; y la Sociedad “Sucre”, presidida por Jacobo Ramallo, entre otras sociedades de menor importancia. El propio Dr. Abecia nos sugiere el modo cómo se relacionaban estas organizaciones cuando afirma, en un pequeño esbozo biográfico dedicado al Monseñor Miguel de los Santos Taborga [4], que La Sociedad Católica Literaria, en la que formaban parte Mariano Baptista y Belisario Peró, se organizó para polemizar con la Sociedad Filética, dirigida por Manuel María Caballero, mentor de la primera generación de positivistas bolivianos.

Este proceso de acumulación de experiencia teórica y orgánica de más de sesenta años, culminó con la organización de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” en febrero de 1887. Allí se congregaron los intelectuales más esclarecidos de la sociedad chuquisaqueña de las postrimerías del siglo XIX, ellos supieron otorgarle a la Sociedad una estructura organizativa diferente a la de todas que la precedieron : libre, tolerante, científica y equilibrada y, aunque en principio hubo un predominio de una juventud liberal y positivista, pronto sus puertas se abrieron para el ingreso de todas las expresiones del conocimiento universal, exigiéndose únicamente el cumplimiento de una sola condición : idoneidad en el estudio científico de la geografía y la historia.

Presentes todas las condiciones necesarias que se precisaban para editar un medio de difusión escrito que divulgara la opinión de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, correspondíaa una individualidad, a un ser humano en concreto, plantear la pertinencia de su realización , este hombre fue Doctor Valentín Abecia, Presidente Honorario de la Sociedad el año 1888. Abecia no formó parte de la generación de los socios fundadores, era aproximadamente veinte años mayor que Aniceto Solares, José María Calvo, Alfredo Calvo, Melitón Díaz, Augusto Mujía y Ernesto Reyes. Sin embargo, poseía una personalidad que denotaba todas las condiciones necesarias para impulsar las labores de la Sociedad hacia la realización de los objetivos que para ella se habían propuesto y para proponer todo cuanto era menester para consolidar su presencia en el quehacer científico y cultural de la época. Su formación académica era extensa y rigurosa, poseía un innato talento para resolver con solvencia los problemas disímiles que plantean las ciencias de la salud, la historia, la geografía, la estadística y la astronomía, circunstancia que lo definía como un intelectual de reconocido prestigio. Su presencia en los centros de explotación minera del sur del país no sólo le permitió comprender la naturaleza de las relaciones sociales de producción imperantes, sino, le posibilitó ingresar al ámbito de las finanzas y de la industria minera de la plata. En fin, como militante del Partido Liberal pudo comprender con precisión el valor institucional de la libertad civil y la libertad de conciencia. Un hombre de las cualidades intelectuales y humanas anteriormente descritas, desde luego que poseía la capacidad de plantear acertadamente la creación de un medio escrito de divulgación científica para la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”.

Fue en la noche del 13 de julio de 1888,en el marco de una Alocución en la Sociedad Geográfica con motivo de la recepción del socio honorario A. Palacios, cuando Abecia sugirió la trascendental propuesta : “Llegará más tarde - expresó - no lo dudo Señores, para este centro científico, la edad adulta i la de reproducción, cuando él tenga su órgano propio de publicidad, para manifestar sus elementos al mundo científico...”[5] Años después, el 5 de enero de 1890, Valentín Abecia, como Presidente de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, en un discurso decía : “Al terminar Señores, hago votos porque en el año que empezamos, la Sociedad redoble sus esfuerzos i ensanche la esfera de sus trabajos, procurando establecer un órgano de publicidad que lleve a conocimiento del mundo científico las vibraciones de este centro de estudios”.[6] Sin embargo, pese a la reconocida necesidad de publicar este órgano de difusión del pensamiento científico de la sociedad, la entidad se decidió por concretar otra publicación de igual trascendencia : el “Diccionario Geográfico de Chuquisaca”, cuya realización demoró ocho años. Asimismo, antes de emprenderse la publicación del Boletín , el año 1896, la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” colaboró al gobierno en la edición de la “Revista de Instrucción Pública”. Al fin , en vísperas de la presentación pública del “Diccionario Geográfico de Chuquisaca”, en una sesión ordinaria realizada la noche del 8 de enero de 1898, se resolvió publicar un Boletín mensual , nombrándose redactores a los socios Iturricha, García Agreda y Carlos Abecia.[7]

El primer número del Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” salió al conocimiento de la opinión pública el 31 de enero de 1898. En su primer artículo, titulado : “Al Comenzar”, que aparece a modo de editorial, Agustín Iturricha sugería los objetivos concretos de la publicación : Promocionar en el extranjero los recursos naturales del país para atraer la inversión del capital internacional y ofrecer información a la comunidad científica mundial para interesarla en investigaciones específicas. Enseguida, señalaba que en él se publicarían los trabajos de la Sociedad, indicando, empero, que también tendrían cabida los realizados por particulares. Añadía que la historia sería objeto de difusión en el órgano que comenzaba a editarse, registrándose documentos inéditos, monografías especiales, biografías y estudios críticos de libros publicados en Bolivia. Al referirse a la recuperación, conservación y acceso de los recursos documentales, explicaba con especial énfasis la destrucción y dispersión que padecían aquellos, produciendo, consiguientemente, la carencia de fuentes primarias para la investigación científica de la historia. Concluía Iturricha con una sentencia que expresa bien el sentido filosófico de todo cuanto quería lograrse con la publicación del Boletín : “Busquemos en la paz la inspiración del porvenir”.

A cien años de la primera publicación del Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, se puede asegurar que los objetivos descritos por Agustín Iturricha se cumplieron con precisa fidelidad. En él no sólo se encuentra reproducida nuestra historia desde los años de la conquista hasta los últimos días del siglo XIX, sino, se encuentra todo el siglo XX reflejado en sus acontecimientos más significativos. En todo un siglo, logró sobrevivir a dos guerras internacionales, dos contiendas civiles de gran envergadura, una revolución trascendental y a numerosas situaciones de desequilibrio político, social y económico. Durante toda esta centuria se mantuvo incólume gracias a que la entidad que le otorga vigencia : la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, no desvirtuó su naturaleza científica y a pesar de haberse editado generalmente con la inversión de sus propios recursos y el patrimonio de sus socios, excepto algunos números que merecieron el apoyo financiero de la Alcaldía Municipal de Sucre o del Banco Central. El Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” mereció el apoyo de importantes personalidades que contribuyeron durante cien años a mantenerlo vigente con el aporte de su capacidad intelectual al escribir en sus páginas. Al respecto, aunque existe el predominio de la difusión histórica, en sus números se destacan temas relacionados con la geografía, la etnografía, la antropología, el derecho internacional, la economía, la literatura, las ciencias naturales, la demografía y otros temas correspondientes a disciplinas disímiles del conocimiento humano.

Si conmemorar un siglo de existencia de un bien que forma parte constitutiva del patrimonio cultural de la humanidad, es un hecho que colma de satisfacción al espíritu de todos los comprometidos con el estudio de la historia, la geografía y la cultura en general, debemos considerar también que la circunstancia nos invita no sólo a contemplar el pasado, sino, nos exige explorar el futuro, a caminar en las mismas condiciones de duda y esperanza con que emprendieron los primeros hombres de la Sociedad Geográfica su monumental obra. En tal virtud, debe entenderse que el futuro del Boletín depende de todo cuanto pueda hacer la Sociedad por adecuarse a una realidad donde el capital ha sometido a todas las relaciones sociales de producción en la tierra bajo su dominio económico, cultural e ideológico. Por ello, el Boletín de las Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” deberá expresar en el futuro, la consolidación de nuestros propósitos por divulgar el conocimiento científico de la geografía y la historia de Bolivia ; nuestros esfuerzos por contribuir a la conservación y protección del acervo documental, bibliográfico y hemerográfico, especialmente en cuanto tiene que ver con el patrimonio informativo del siglo XX ; expresará nuestro compromiso por preservar nuestros valores culturales, de tal modo que nos identifiquen en el contexto de la sociedad universal globalizada y ; si puede algo más agregarse, divulgará nuestra contribución al desarrollo de una conciencia colectiva que posibilite la protección de la biodiversidad , la definición de santuarios ecológicos y la protección y cuantificación de las especies animales y vegetales que poseemos en nuestro territorio. Sólo en esas circunstancias podremos repetir con Valentín Abecia : “...Entonces los jóvenes que estén ascendiendo á la cima de la montaña, bendecirán á los que cansados del trabajo, descendamos por el lado opuesto, después de haber dejado para bien de nuestra patria i en consonancia con las aspiraciones progresistas de la época, sólidamente constituida esta Sociedad...”[8]



BIBLIOGRAFIA

[1] Las imprentas establecidas en Sucre el año 1898, año en el que se comenzó a editar el Boletín ; eran : Tipografía “Excelsior”, Imprenta “Bolívar” de M. Pizarro, Tipografía “El Cruzado”, Tipografía y Librería “Económica”, Imprenta “Boliviana”, Imprenta “Sucre”, Escuela Tipográfica “Salesiana”, Imprenta “La Glorieta”, Tipografía de “La Libertad”, Imprenta de “La Capital”, Tipografía “Progreso” e Imprenta “El Eco Moderno”.

[2] Para mayor conocimiento de la historia de las ideas filosóficas en nuestro país y de los hombres que las sustentaban léase : FRANCOVICH, Guillermo. “La Filosofía en Bolivia”. La Paz. “Juventud”. 1966.

[3] “Alocución del Presidente Honorario de la “Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, con motivo de la recepción del Socio de Honor Sr. Miguel Suárez Arana. 30 de julio de 1888”. Centro Bibliográfico, Documental, Histórico de la Universidad de San Francisco Xavier. Fondo Documental Valentín Abecia. Serie Escritos Inéditos. P. 14-14 vta.

[4] En el Fondo Documental Valentín Abecia del Centro Bibliográfico, Documental, Histórico de la Universidad de san Francisco Xavier de Chuquisaca, existen unas hojas sueltas correspondientes a los apuntes, borradores, notas y esbozos que realizó el Dr. Abecia. A este tipo de documentos corresponde el citado en este trabajo.

[5] “Alocución en la Sociedad Geográfica, la noche del 13 de julio de 1888, con motivo de la recepción del socio honorario A. Palacios”. Centro Bibliográfico, Documental, Histórico de la Universidad de San Francisco Xavier. Fondo Documental Valentín Abecia. Serie Escritos Inéditos. P. 13 vta.

[6] “Discurso del Presidente de la “Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, Dr. Valentín Abecia durante el año 1889. Suscrita el 5 de enero de 1890”. Centro Bibliográfico, Documental, Histórico de la Universidad de San Francisco Xavier . Fondo Documental Valentín Abecia. Serie Escritos Inéditos. P. 21.

[7] Libro de Actas de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre, del 26 de julio al 18 de diciembre de 1903.p. 34

[8]Valentín Abecia. Ibidem. P. 13 vta.